El otro día estaba desayunando con una amiga preparando tostadas.
Íbamos a probar unas mermeladas caseras hechas con cariño, recién conseguidas de las campiñas de Cañamero.
¿Sabes cuándo tienes que untar la mantequilla en la tostada que, aunque la temperatura de las dos sea muy diferente, la mantequilla se queda como un cubo indestructible y se niega a colaborar?
En ese punto estaba yo.
Pues mi amiga me dice "yo lo hago así" y pone un trocito de mantequilla entre dos tostadas calentitas. Y espera.
Al rato el calor entre las dos tostadas derrite la mantequilla más rápidamente y ahí sí que puedes untarla con facilidad.
Es un truquito muy sencillo, pero si no se lo has visto hacer a nadie o no te has parado a buscar seriamente una solución a ese problema, no lo conoces y sigues peleando con los cubitos de mantequilla.
En los días siguientes he aplicado el truquito como si no existiera otra manera de preparar la tostada.
Entusiasmado por la facilidad con la que, de repente, puedo untar la mantequilla.
Y hoy quise decírselo a mi amiga.
Para que supiera que simplemente compartiendo algo tan sencillo me ha cambiado la vida.
A ver, que no es que por eso ahora sea millonario, tenga un barco, viaje a cuatro países a la semana y todo el mundo me aplauda cuando me ve. No, por favor.
Pero sí que mi manera de preparar una tostada ahora es más eficiente y, sobre todo, cada vez que lo hago de esa manera, me saca una sonrisa porque me acuerdo de ese momento y de cuando aprendí a hacer que mi vida fuese un poco mejor.
He dicho un poco.
Que todo suma.
Gradualidad.
Y además me acuerdo de ella, y me acuerdo con agradecimiento y mucho cariño, ¿qué más se puede pedir?
Pues se lo dije.
Con un audio de esos del guazzappp.
Y obviamente cuando le dije que gracias a compartir su truco ella había contribuido a hacer del mundo un lugar mejor, o al menos mi mundo, por lo que me dijo, sonrió y luego me agradeció.
Parece que estoy aprendiendo por fin seriamente el tema del compartir.
Estoy entendiendo cuán importante es que lo que tenemos dentro pueda alcanzar a otros humanos.
Como dice Antonio Herrero de Ricos y Libres, todos tenemos una música dentro, y tenemos que hacer todo lo que está en nuestras manos para que esa música la escuchen cuantas más personas posible, mientras estemos vivos.
Pues dudo que mi amiga pudiera imaginar el impacto que tendría el compartir su truco conmigo.
Cuánto valor había ahí escondido, que solo podría darse compartiendo.
El truco, las sonrisas, el recuerdo, el agradecimiento.
Simbólicamente es una historia más que me dice "Giuseppe, sigue escribiendo tus emails, aunque no sepas bien por qué y para quién".
Cuántas cosas habré dicho yo o habrás compartido tú que han cambiado la vida de alguien, y ni lo sabemos.
Por esto es importante (para mí, claro) que le digas a tu gente que se suscriba.
Solo pásales este enlace y del resto me encargo yo.
