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Cambiar tu normalidad no es fácil.

Convertir en normal algo nuevo, no, no es nada fácil.

Escribir un correo cada semana, por ejemplo, no era mi normalidad hasta hace unos meses.

Tampoco lo es ahora, puesto que, aunque ya lo haya asumido, me cuesta.
Pero esta vez los obstáculos son diferentes.
Tengo historias, de verdad, a montones.
Lo que me frena es cuántas de estas historias pertenecen aquí.
Cuáles te pueden interesar.

El fin de semana pasado, por ejemplo, estuve de viaje.

Fue mi primera vez en las Canarias, más concretamente en Tenerife.

Allí nos reencontramos un grupito gracias a que una amiga lleva ya viviendo allí unos años.
Y esa fue la clave para que la experiencia en la isla no fuera simplemente una excursión más.

Nos llevó prácticamente en brazos, guiándonos por sitios que ni en broma hubiéramos descubierto por nosotros mismos, contándonos historias sobre "cosas" de la isla: la comida, las costumbres, la música, la vegetación, leyendas...

Así que nos dejamos llevar: sonaba demasiado bien.

Y ahí pude confirmar que a mí me pasa algo con las islas.

El tiempo parece ir a otra velocidad.

Todo el rato tuve esa sensación de no poder decir qué hora era, o cuánto tiempo había pasado, por ejemplo, desde que habíamos llegado a la playa. O desde que habíamos salido de la casa.
Todo estaba distorsionado.

Hasta bromeando con eso de que los abrazos deberían durar al menos 8 segundos, tenías esa sensación de que 8 segundos duraban mucho más.

O se pasaban en un parpadeo.

Depende.

No me pongo aquí a hablar de lo impresionantes que son las playas, de los caminos por el Parque Rural de Anaga o de lo rico que está el queso asado con mojo o las parchitas.

Pero sí quiero compartir algo de cómo me he sentido.

Desde que decidí empezar con este proyecto de la newsletter me propuse hacer más cosas, para tener más cosas que contar.
Este viaje encaja perfectamente en este movimiento.
Decisión impulsiva para salir de la rutina.

Por alguna razón se me había olvidado lo importante que es, de vez en cuando, desconectar.

Desconectar de verdad.

Recuerda que tengo la suerte de vivir en Málaga, un sitio donde, en cuanto tengas un par de horas libres, puedes sentirte como si estuvieras de vacaciones.
Así que realmente la "necesidad" de salir para desconectar no se siente tan fuerte.


Hasta que te vas.


Y sientes olores diferentes, escuchas palabras diferentes, ves luces diferentes y hasta el tiempo va a una velocidad diferente.

Me gusta hacia dónde está tirando mi nueva normalidad.

Ahora es momento de bajar el volumen, ordenar los recuerdos y volver a la cotidianidad.

Preparando ya la siguiente escapada.

¿Otra isla quizás?

A ver cuánto duran ahí 8 segundos.

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